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	<title>Recorre Canarias &#187; Tenerife</title>
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	<description>Senderismo en Canarias</description>
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		<title>Chamorga a Roque Bermejo, en Tenerife</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jul 2009 21:57:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Tenerife]]></category>
		<category><![CDATA[Anaga]]></category>
		<category><![CDATA[medio recorrido]]></category>

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		<description><![CDATA[Anaga, en Tenerife, acoge numerosos, pequeños y aislados caseríos a los que se puede acceder en vehículo por sinuosas carreteras... Excepto a algunos como el de Roque Bermejo, al pie del faro de Anaga. Dos rutas a pie y una por mar son sus accesos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-142" title="rc_mapa-Anaga" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/07/rc_mapa-Anaga.jpg" alt="rc_mapa-Anaga" width="350" height="331" /><strong><em>El territorio de Anaga, en la isla de Tenerife, acoge numerosos, pequeños y aislados caseríos a los que ya se puede acceder en vehículo por sinuosas carreteras asfaltadas&#8230; Excepto a algunos como el de Roque Bermejo, al pie del faro de Anaga. Dos rutas a pie y una por mar son sus accesos.</em></strong></p>
<p>El caserío de Chamorga está al alcance de cualquiera dispuesto a recorrer su sinuosa carretera en vehículo propio, taxi o guagua de línea regular (que también llega a este apartado rincón). El centro neurálgico del lugar lo marcan el fin del asfalto y la tienda de <em>Alvarillo, </em>como se conoce al ventero Álvaro López Gil, detrás de su mostrador desde 1948. Es el momento de asegurarse de que la mochila contiene las provisiones necesarias para el camino o, si no, entrar a la venta.<span id="more-141"></span></p>
<p>Para ir a Roque Bermejo hay dos caminos: Por Tafada hacia el faro de Anaga, que habitualmente utilizan los técnicos de la Autoridad Portuaria encargados del mantenimiento de los equipos que cada noche lo encienden automáticamente; y por el cauce del barranco directo a Roque Bermejo, el que emplean los vecinos de Chamorga para bajar al muelle (“Yo iba dos veces al día a traer algo para la venta, con un burrillo que tenía”, relata el ventero, que cuando no había carretera recibía los suministros por barca).</p>
<p>Para disfrutar de una excursión por ambos, la mejor opción es salir por el primero y regresar por el segundo. Así, saliendo de la venta de Chamorga, hay que girar a la derecha y subir por detrás hacia el inicio del sendero. En sentido ascendente nos encontraremos entre pequeños bancales de papas y una frondosa vegetación de la que brezos<em> (Erica arborea)</em> y bicácaros <em>(Canarina canariensis) </em>forman parte. Volviendo la mirada atrás podremos disfrutar de una vista del caserío cada vez más lejana.</p>
<p><strong>Tesoro escondido</strong><br />
En poco tiempo, se alcanza la Cruz del Draguillo, donde la leyenda sitúa el tesoro escondido de un pirata isleño conocido por el apodo <em>Cabeza de Perro</em>. Siguiendo el camino principal, desechamos las opciones del Draguillo y Cabezo del Tejo para seguir en dirección a Tafada. El último y más empinado tramo ascendente, con peldaños labrados en el terreno, nos pone ante la visión, muy cercana, de las casas semiderruidas de Tafada.</p>
<p>A la izquierda de estas viviendas abandonadas parte el sendero que desciende hacia el faro, que ofrecerá por momentos la magnífica visión de los roques de Anaga, el de Tierra y el de Fuera, y el extremo más oriental de la isla de Tenerife. Entre la vegetación de este tramo destaca el tajinaste de Anaga <em>(Echium leucophaeum)</em>, endemismo local de llamativas inflorescencias de color blanco que atraen de modo especial a las abejas.</p>
<p><strong>Descenso final<br />
</strong>Este descenso atraviesa los Pasos de la Cruz, donde, entre una gran piedra y la pared del risco, discurre el camino y encontramos una pequeña fuente de agua. El paisaje con el solitario faro impresiona y aquí, más que en ningún otro momento del recorrido, serán de gran utilidad unos bastones, una lanza de caminar o, simplemente, un palo para evitar resbalar.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-143" title="rc_camino-roque-Bermejo" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/07/rc_camino-roque-Bermejo.jpg" alt="rc_camino-roque-Bermejo" width="250" height="166" />Desde el faro, el camino se ensancha hasta llegar al caserío de Roque Bermejo. “¡Uuh! A aquello le decíamos la carretera del Faro: por allí podía subir perfectamente un jeep en esa época”, dice Obdulia Romero Marrero, al recordar su juventud en el caserío, donde nació en 1947. El abandono y la falta de cuidados tiene este tramo en muy mal estado, con paredes derruidas que abren profundos boquetes a modo de mordidas. La ausencia de personal residiendo en el faro como antaño, también se nota en la falta de atención al camino que lo comunica con el muelle y su playa de arena negra, junto al roque que da nombre al caserío de pescadores.</p>
<p><strong>Regreso</strong><br />
El regreso al punto de partida desde este enclave, pasa por recorrer de nuevo los últimos metros del camino, pasar por la ermita y subir junto a las paredes de la antigua hacienda del Cura. Un cartel en un cruce, antes de iniciar el ascenso al faro, nos da la pista del camino a seguir: Chamorga, dice. Seguimos por ahí y subimos hasta las cercanas Casas Blancas, grupo de viejas construcciones en la que vivía el cabrero <em>cho</em> Agustín Campana, del que Obdulia Romero recuerda “que le gustaban las galletas con vino”.</p>
<p>A partir de aquí, la ruta se adentra en el barranco de Roque Bermejo y discurre junto a su cauce, con agua casi todo el año. Cuando alcanzamos Las Manchas, hay durazneros junto a la conocida como casa Cha Malita, falta poco para llegar al final del camino. Pero aún hay que subir otro rato hasta llegar, por una pista de corto recorrido, frente a la venta de Alvarillo. Estamos en Chamorga, rodeados de dragos <em>(Dracaena draco)</em</p>
<p><em>[Texto y fotografías: <strong>Yuri Millares</strong>.]</p>
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		<title>Bosque de Agua García, en Tenerife</title>
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		<pubDate>Sun, 17 May 2009 17:33:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[Tenerife]]></category>
		<category><![CDATA[pequeño recorrido]]></category>
		<category><![CDATA[Tacoronte]]></category>

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		<description><![CDATA[Recorrido de 1,6 kilómetros por la zona mejor conservada del bosque de Agua García (isla de Tenerife), a unos 800 metros de altitud, y que se puede realizar en unos 20 minutos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-61" title="rc_sendero-agua-garcia-1" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/05/rc_sendero-agua-garcia-1.jpg" alt="rc_sendero-agua-garcia-1" width="350" height="347" /><strong><em>Recorrido de 1,6 kilómetros por la zona mejor conservada del bosque de Agua García, a unos 800 metros de altitud, y que se puede realizar en unos 20 minutos.</em></strong></p>
<p>El bosque de Agua García es el último reducto de la gran selva de monteverde que dominaba el norte de Tenerife, donde la exuberante vegetación de la laurisilva escondía su suelo del cielo. Tras la conquista llegó el poblamiento con colonos que se iban a dedicar a la agricultura y al cultivo de la caña de azúcar, necesitando para ello roturar tierras; madera para construir casas, muebles y herramientas; mucha leña para alimentar los ingenios; y carbón para el fuego del hogar. Entre los siglos XVI y XIX el bosque sufrió unas talas masivas que casi lo hacen desaparecer. <span id="more-60"></span></p>
<p>Hoy queda, para disfrute de quienes deseen practicar del agradable paseo por sus senderos, un área protegida al que se puede acceder fácilmente desde el Centro de Información Patrimonial que gestiona el Ayuntamiento de Tacoronte. Aquí encontraremos información completa de la historia, naturaleza y usos de este bosque, así como la posibilidad de contratar el servicio de alguna guía para recorrerlo (al precio simbólico de un euro).</p>
<p>Entre los caminos de Agua García destaca el que hace el recorrido de los espectaculares viñátigos de cientos de años (uno incluso es milenario), denominado sendero de los Guardianes Centenarios. Saliendo del Centro de Información Patrimonial subimos por la pista de la izquierda hasta llegar a la primera curva, donde un camino a la derecha (cerrado al paso de vehículos y bicicletas por una barrera) da inicio al sendero propiamente dicho (un cartel sobre dos postes de madera lo señala, situado justo debajo de un laurel Novo canariensis, el árbol que da nombre a esta formación vegetal: la laurisilva).</p>
<p>Nos adentramos por el follaje a través de un cómodo y ancho sendero que discurre junto al barranco de Toledo, pudiendo observar toda la riqueza en variedad de especies del monteverde: vemos a ambos lados del camino más laureles (su madera ligera era apreciada para fabricar aperos de labranza), brezos (se hacía carbón; sus ramas servían de horquetas para la viña; sus hojas eran útiles en cataplasma contra las picaduras de insectos), follaos (sus hojas de tacto suave y peloso eran el sustituto del papel higiénico; sus varas flexibles combinaban con el mimbre en la cestería)… y llegamos al primero de los grandes viñátigos centenarios, que destaca por su gran porte con un tronco que es de enormes proporciones y sirve de base a otros troncos (tocones) y tallos (chupones) que son sus hijos: nombrada la “caoba de Canarias” por su excelente madera, se empleaba para fabricar muebles nobles.</p>
<p><strong>Cobijo al helecho de batatilla</strong><br />
En su estado natural el viñátigo sirve de cobijo al helecho de batatilla y de alimento a la rata de bosque, que –literalmente– se emborracha con las propiedades alucinógenas de su savia y llega a caer desde las ramas al suelo (por lo que no es raro ver a alguna de ellas muerta tras la caída al pie del árbol); también roe las raíces dejando como rastro grandes huecos.</p>
<p>El sendero sigue serpenteando junto al barranco y ofreciendo a la vista más especies, como el naranjero salvaje que hay justo al llegar al puente de madera que atraviesa el cauce del Toledo. Especie exclusiva de Tenerife, fue el árbol de la laurisilva más castigado por las talas en siglos pasados, en busca de su madera muy blanca para muebles. Al otro lado del puente se puede observar una haya (su fruto es el único comestible del monteverde y en tiempos de hambre el isleño lo secaba, tostaba y hacía una harina pastosa como sustituto del gofio) y al único ejemplar de sao (el sauce canario) que queda en Agua García (presente, en este caso, gracias a que fue replantado hace once años, junto a otros que no sobrevivieron): su gran utilidad venía dada por las propiedades medicinales de su corteza, que contiene salicina (el precursor de la aspirina).</p>
<p><strong>Cuevas de Toledo<br />
</strong>En este punto del recorrido, subimos por la escalinata con peldaños de troncos a la izquierda, para acercarnos, tras cruzar un segundo puente, a las cuevas de Toledo, también llamadas cuevas del Vidrio porque en ellas se extraía, todavía a mediados del siglo XX, traquita o “arena blanca”, materia prima para la elaboración de vidrio (en el bosque hubo un horno para tal fin en el siglo XVI; más recientemente se hacían botellas y otras piezas en una vidriera que había en la ciudad de La Laguna). Junto a las cuevas –hoy un pequeño laberinto que atrae a los niños– se yergue el más imponente de los viñátigos de Agua García: se estima su edad en unos mil años.</p>
<p>Regresamos sobre nuestros pasos hasta el sendero que habíamos dejado después de cruzar el primer puente, siguiendo su camino en un paisaje más despejado de vegetación. Giramos a la derecha siguiendo su serpentear y llegamos al barranco del Salto Blanco, adentrándonos en un área de pinar de repoblación hasta llegar al final y encontrarnos con la zona recreativa Lomo de la Jara.</p>
<p><em>[Texto y fotografías: <strong>Yuri Millares</strong>. Más información de este sendero en la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/111">revista Pellagofio</a>.]</em></p>
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