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	<title>Recorre Canarias &#187; Gran Canaria</title>
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	<description>Senderismo en Canarias</description>
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		<title>Bordeando el roque Nublo hacia la hoya de la Vieja, en Gran Canaria</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2011 11:13:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[medio recorrido]]></category>
		<category><![CDATA[Tejeda]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde la degollada de La Goleta se puede subir hasta el mismísimo roque Nublo, o lo que haremos en esta ocasión, bajar en dirección a la degollada de Hoya de la Vieja, dando un rodeo al roque por el norte y sus brumas para descender por el barranco del Nublo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-262" title="rc_mapa-roque-nublo" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/10/rc_mapa-roque-nublo.jpg" alt="rc_mapa-roque-nublo" width="350" height="281" /><strong><em>El recorrido se realiza entre la degollada de La Goleta y la degollada de Hoya de la Vieja. Se puede dividir en dos tramos: el primero, la vuelta al Nublo (3,5 kms si se hace completa); el segundo, el barranco del Nublo (3 kms). Si, además, se quiere subir al roque, hay que añadir un recorrido extra (2 kms). El camino de una degollada a la otra se puede hacer en tres horas y media. Desde la degollada de La Goleta se puede subir hasta el mismísimo roque Nublo, o dirigirse en dirección sur a Ayacata, o descender al barrio de La  Culata, o, lo que haremos en esta ocasión, bajar en dirección a la degollada de Hoya de la  Vieja, dando un rodeo al roque por el norte y sus brumas para descender por el barranco del Nublo en dirección sur.</em></strong></p>
<p><span id="more-260"></span>Un pequeño aparcamiento de donde sale el camino del Nublo e inicio de nuestro itinerario nos sirve como lugar donde dejar el vehículo. Tan pronto como se inicia el recorrido, en suave pendiente, dejamos a la izquierda una hermosa vista de la fortaleza rocosa de Ayacata. En pocos minutos se acentúa la pendiente hasta pasar a la vertiente opuesta (cara norte del roque), donde el camino discurre con más suavidad entre pinos jóvenes y el protagonismo lo toma la cabecera del barranco de La  Culata, cubierto a veces por una bruma que se mueve con el viento.</p>
<p>Se nos presenta una primera bifurcación: a la izquierda, la subida al roque Nublo; a la derecha, seguimos por la ladera entre pinos <em>(Pinus canariensis)</em>. Si elevamos la vista hacia el roque iremos descubriendo muchas caras distintas al singular monolito y su altura de 1.811 metros sobre el nivel del mar. Al volver a bajar la vista, a nuestros pies veremos retamas amarillas <em>(Teline microphylla)</em>, cerrajones <em>(Sonchus acaulis) </em>y margaritas <em>(Argyranthemum frutescens)</em>. Merece la pena, no obstante, seguir elevando la vista para gozar con la metamorfosis de la gran roca que corona la zona, dejando de ser una gran figura chata para convertirse en una delgada y esbelta estatua de piedra.</p>
<p>Pronto llegamos a otra bifurcación: bajando a la derecha, sigue el camino a La Culata; seguimos de frente para situarnos al norte del roque donde, si nos perdemos por un camino un tanto intuitivo, llegamos a la zona llamada Cabeza de la Reina con una vista del pueblo de Tejeda espectacular (20 minutos ida y vuelta). Otra vez en nuestro itinerario, nos situamos bajo la cara oeste y poco a poco va asomando el barranco del Nublo mientras, llaneando, vamos dejando que nuestro siempre expectante roque vuelva a tomar una forma familiar. Un nuevo cruce nos pemitiría completar el recorrido circular al Nublo si subimos a la izquierda, pero vamos a seguir bajando hacia el barranco que toma el nombre del roque.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-261" title="rc_roque-nublo-1" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/10/rc_roque-nublo-1.jpg" alt="rc_roque-nublo-1" width="170" height="171" />La vegetación varía según descendemos y predominan más los arbustos: entre los que destacan endemismos de Gran Canaria como la ya citada retama amarilla y la salvia blanca <em>(Sideritis sventenii)</em>, también la tabaiba <em>(Euphorbia obtusifolia), </em>que se alternan con el conglomerado de rocas marcadas por el frío, la erosión y el viento. Para no perder el rastro de nuestro sendero hay pequeñas paredes de piedras (a veces algún mojón) que, serpenteando, comienzan a adentrarse en el barranco. En época de lluvias nos damos cuenta de que estamos en pleno barranco cuando la melodía de un riachuelo tan efímero como el invierno isleño endulza el andar.</p>
<p>Poco a poco el paisaje se abre para dejarnos una nueva vista muy aérea de la zona de Ayacata. El camino sigue por el cauce derecho del riachuelo hasta llegar a la embocada del Nublo: el risco del Laurel y el roque Elba, junto a una diminuta presa de aguas tan quietas que parecen un espejo, nos sorprenden con su llamativa presencia. Un zigzageo descendente entre almendros choca con otro ascendente que nos lleva casi al final de la ruta, donde un último descenso nos sitúa en la carretera que une Ayacata con Tejeda junto a unos depósitos de agua, entre más almendros.</p>
<p><em>[Texto y fotografía: <strong>M. Á. Navarro y Y. Millares</strong>. Extracto del <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/491">reportaje publicado en la edición digital de la revista Pellagofio</a>]</em></p>
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		<title>Camino de la Madera: primer intento. O el barranco Las Palmas se hartó de agua</title>
		<link>http://recorrecanarias.com/2010/gran-canaria/camino-de-la-madera-primer-intento-o-el-barranco-las-palmas-de-harto-de-agua/</link>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 17:43:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[La Revoliá]]></category>
		<category><![CDATA[medio recorrido]]></category>
		<category><![CDATA[Santa Lucía de Tirajana]]></category>

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		<description><![CDATA[Intento primero: recorrer el camino de la Madera en el macizo de Amurga. Las aguas que corren por las últimas y sucesivas lluvias lo ponen difícil. Éste es el relato y las fotos del saltador de garrote Eduardo González.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-full wp-image-193" title="rc_bco-las-palmas-1" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/02/rc_bco-las-palmas-12.jpg" alt="rc_bco-las-palmas-1" width="400" height="294" /><strong><em>Intento primero: recorrer el camino de la Madera en el macizo de Amurga. Las aguas que corren por las últimas y sucesivas lluvias lo ponen difícil. Aún así el pequeño grupo hace un recorrido por la zona. Portan los garrotes (o lanzas) con los que los pastores canarios se desplazan por el abrupto territorio insular. Éste es el relato y las fotos que nos envía Eduardo González.</em></strong></p>
<p><span style="color: #ff8c00;"><strong>El barranco Las Palmas se hartó de agua<br />
</strong></span>A mal tiempo, buen chubasquero y sacho al hombro. La ruta que teníamos preparada para el pasado fin de semana, la cual formaba parte de las actividades del III Encuentro Barranco Las Palmas bien podríamos titularla como “Parte alta del camino de la Madera”. Entre Casa Pastores y Orilla Baja discurre la calle o carretera que oficialmente, en el municipio de Santa Lucia de Tirajana, se denomina como “Camino de la Madera”. También se llama así el Colegio del barrio de la Orilla Baja. En cambio, la Asociación de Padres y Madres de dicho colegio se denomina “Camino de Amurga”. Puede que sean ellos de los pocos que conocen que la ruta de la Madera, por donde transitaban las bestias de cuatro patas que arrastraban  la madera que se taló en el macizo de Amurga y que era transportada para Agüimes, Ingenio, Telde y Las Palmas, no solo se limitaba a ese tramo que discurre por delante de sus casas.<span id="more-190"></span></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-194" title="rc_bco-las-palmas-2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/02/rc_bco-las-palmas-2.jpg" alt="rc_bco-las-palmas-2" width="300" height="368" /><strong>Hacia el lomo de la Madera<br />
</strong>Las lluvias del domingo no nos dejaron transitar por esa parte del camino en cuestión. El lomo de la Madera comienza, en su parte baja, entre el barranco de las Culatillas y el de los “Ajogaos”. Apenas comenzamos a ascender por este lomo ya nos encontramos con parte de los muros de piedras que soportaban el paso de vacas, bueyes y troncos en su “maderada” risquera.</p>
<p>De ascenso suave y sinuoso nos permite este paso, sin grandes esfuerzos y con peligrosidad nula, acercarnos poco a poco a las medianías del macizo de Amurga. Una vez alcanzada la columna vertebral de este lomo, las vistas que inmediatamente nos proporciona de sus barrancos colindantes y de buena parte de la geografía del sureste y sur de Gran Canaria, nos conceden una orientación incapaz de impedirla las más grandes de las orejeras que a un burro le imagináramos poner. Y eso lo supieron bien todos esos arrieros que transitaron arriba y abajo con yuntas arrastreras, que perseguían y precedían a los troncos de pino y sabinas codiciados por carpinteros de obras e ingenios azucareros.</p>
<p><strong>El Paso del Pino<br />
</strong>Por esta rampa ascendente y ancha continuamos en dirección NNW, bien rastreando los restos del camino de la Madera o bien abandonando éstos para asomarnos hacia sus risqueras. Por la banda izquierda de este lomo, el compañero Juan Alemán comprobó el Paso del Pino, una bonita y correosa <em>entaliscaera</em> que nos permite, de forma rápida, alcanzar los andenes y el cauce del barranco de los “Ajogaos”. Dicho paso nos fue referido por Antonio Mayor, padre, hijo, nieto, bisnieto y vaya usted a saber que más de pastores. Con dicho pastor guardamos una entrañable relación que esperamos mantener con la tranquilidad que éste recibe de su asentamiento pastoril: solitario y alejado de pachangas y tonterías. No las soporta.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-195" title="rc_bco-las-palmas-3" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/02/rc_bco-las-palmas-3.jpg" alt="rc_bco-las-palmas-3" width="425" height="318" />Seguimos por la ruta prevista olfateando los muros que, un poco más adelante, donde se une este lomo con la cabecera del barranco de Las Culatillas, empieza a descender de forma agradable hacia el cauce del barranco de los “Ajogaos”. El camino nos hace pasar por delante de una construcción de piedras que el paso del tiempo ha derruido. Nuestra humilde experiencia arqueológica nos hace pensar que se trataba de un pequeño refugio donde posiblemente <em>ratiaban</em> a las bestias trabajadoras en su merecido descanso. Esta apreciación debemos corroborarla, como así mismo corroboramos que el camino continúa hasta cruzar el cauce del barranco y se dirige hacia el lomo que durante todo el camino hemos ido observando al Oeste.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-196" title="rc_bco-las-palmas-4" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/02/rc_bco-las-palmas-4.jpg" alt="rc_bco-las-palmas-4" width="350" height="258" /> <strong>Restos de un corral<br />
</strong>En este otro lomo, lo primero con lo que nos hemos topado nada mas llegar han sido los restos bastante bien conservados de un corral. De este corral hemos recibido algunos datos que nos ha proporcionado Antonio Mayor, donde uno de sus tíos llegó a guardar las cabras bastantes veces. En el fondo de la foto que acompaña a estas líneas tenemos el lomo de la Madera. La claridad del cielo, en la parte izquierda, nos delate el Este. La forma en que están dispuestas las piedras que conforman sus paredes llama poderosamente nuestra atención. Mientras unas lajas están acostadas sobre las otras, muchas de ellas permanecen hincadas en su verticalidad, como si se pretendiera proporcionar mayor abrigo y refugio del viento y del aire que suele soplar en lo alto de esta loma.</p>
<p>Nuestro olfato, que bien podría definirse como una extraña mezcla entre afición a la arqueología y un alto porcentaje del instinto que poseen los perros cazadores abandonados, nos hace desandar unos cientos metros mas atrás para encontrar una explicación más razonable a la conversación que tuvimos dentro del corral mientras comíamos. De no habernos guiado por estos olores, confundidos éstos con el aroma del orégano del bocadillo de vuelta, no nos hubiésemos topado con la cueva y las casas de La Mesilla.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-198" title="rc_bco-las-palmas-6" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/02/rc_bco-las-palmas-6.jpg" alt="rc_bco-las-palmas-6" width="450" height="348" />Llegados a este punto de la crónica tenemos que decirles que las medianías del macizo de Amurga y sus inmediaciones son extensas. Por dondequiera que vayamos nos encontraremos con un patrimonio etnográfico y arqueológico increíble que nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, conocimientos y ganas, seguimos rastreando.</p>
<p><strong>Hay que volverlo a intentar<br />
</strong>La intención de la ruta prevista para el III Encuentro Barranco Las Palmas era, y es, ya que no se pudo realizar el domingo 14 de febrero, la de realizar parte del itinerario del camino de la Madera y regresar por el lomo de enfrente. Mucha de la toponímia estamos contrastándola con diferentes pastores y muchas de las diferentes bajadas y rutas alternativas las estamos supervisando.</p>
<p>Por otro lado, entiendan que alguna carta nos la escondamos en la manga como así mismo escondemos de la cámara de fotos y la grabadora determinados detalles que deben estar a salvo del expolio y la insensatez de quienes puedan y han visitado determinados lugares. Hasta no hace muchos años, Amurga se ha conservado como un macizo bastante desconocido y quizás salvaje. El auge de los deportes y actividades relacionadas con la naturaleza y el medio que nos rodea ha provocado un aumento en el número de visitas. Donde comen dos, comen tres, pero siempre habrá un cuarto que termine peleándose por el plato de comida y puede que, irremediablemente, éste termine cayendo al suelo y rompiéndose. Entonces no comeremos ninguno. Y no sirva esta excusa para guardar el conocimiento en un cajón bajo llave. Más datos compartiremos el día que realicemos la ruta. Ese día será cuando la borrasca nos lo permita.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-199" title="rc_bco-las-palmas-7" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2010/02/rc_bco-las-palmas-7.jpg" alt="rc_bco-las-palmas-7" width="375" height="283" />Por nuestra parte intentamos estar siempre ahí. Déjennos echar un trago de agua y ensebar nuestros garrotes que vamos a hacer la bajada. Desde el Sureste de Gran Canaria, un abrazo de Juan Alemán… <br/>y otro mío.<br />
<strong>Eduardo González.</strong></p>
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		<title>Caldera de Bandama, en Gran Canaria</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 12:25:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[Recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[Las Palmas de Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[pequeño recorrido]]></category>

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		<description><![CDATA[La caldera de Bandama tiene unos 170 m de profundidad y 1.000 m de diámetro. Para llegar al fondo sólo hay que seguir el camino que parte del interior del caserío de Bandama, justo al lado de la ermita. El descenso se puede hacer en una media hora. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-73" title="rc_caldera-bandama-1" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/rc_caldera-bandama-1.jpg" alt="rc_caldera-bandama-1" width="350" height="339" /><strong><em>La caldera de Bandama tiene unos 170 m de profundidad y 1.000 m de diámetro. Para llegar al fondo sólo hay que seguir el camino que parte del interior del caserío de Bandama, justo al lado de la ermita. El descenso se puede hacer en una media hora.</em><br />
</strong><br />
“La primera sensación es de intensa sorpresa y admiración ante el hecho de que la Naturaleza pueda haber creado algo tan perfecto”, escribió la viajera inglesa Olivia Stone (1887), que bajó con un grupo de excursionistas a caballo. “Este es el cráter más perfecto de Canarias, una depresión cóncava de tierra y rocas de una uniformidad como sólo la naturaleza sabe crear”, describió otro viajero británico, Charles Edwardes (1888), que bajó animado por sus residentes para que bebiera un vino que le pareció fuerte, pero a su guía Pancho le entusiasmó y casi se bebe la garrafa él solo. <span id="more-32"></span></p>
<p>Un siglo y unos cuantos años después, la caldera de Bandama y el pico que se eleva a su lado han sido declarados Monumento Natural por constituir “dos unidades naturales de gran singularidad e interés científico”, y están integrados a su vez en el Espacio Protegido de Tafira. Se trata de una caldera de explosión que guarda nostálgicas cicatrices de lava en muchas de sus vertientes para recordarnos su origen.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-74" title="rc_caldera-bandama-2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/rc_caldera-bandama-2.jpg" alt="rc_caldera-bandama-2" width="300" height="193" />El comienzo del camino, que se adentra por sus paredes laterales para descender hasta el fondo del cráter, está señalizado entre las casas que se encuentran al borde de su gran hueco de un kilómetro de diámetro. Una sólida puerta de hierro pintada de negro invita a entrar (en horario diurno: a partir de las 17.00 horas es cerrada hasta la mañana siguiente). Los ojos comienzan a revolotear y a viajar desde la altura por este enclave. En claros zigzags comenzamos un descenso que durará aproximadamente 35 minutos. El camino está muy marcado y no ofrece dudas de nuestro destino final.</p>
<p><strong>Palmeras y eucaliptos</strong><br />
La vegetación chilla y se apodera de tantos sitios como puede, con una misteriosa y cosmopolita mezcla. Las palmeras canarias y los eucaliptos dispersos alternan con una variedad de colorida flora que nos saluda todo el camino (vinagreras, lentiscos, acebuches, cardones, tabaibas). Nos sumergimos poco a poco en las profundidades de la caldera. El ruido se queda atrás, el rastro del mar en el horizonte desaparece. Das vueltas sobre ti mismo y lo único que ves son las paredes envejecidas de picón (lapilli). Detrás de nosotros, queda el pico de Bandama, desde donde hay una panorámica bellísima de este paraje.</p>
<p>El nombre del lugar viene de un comerciante holandés que, en el siglo XVI, cosechaba viñedos en el fondo del cráter. Desde nuestra perspectiva de silencio, miramos en el fondo los restos de unas terrazas de cultivo. También observamos dos eras, confundidas entre los matorrales, las pitas y las higueras canarias. Hay una planta que merece que ser nombrada, aunque difícil de identificar por su rareza ya que únicamente se puede encontrar en este lugar. La bautizaron con el nombre de Parolinia glabriuscula y es un arbusto que puede llegar al metro y medio de altura con flores.<img class="alignleft size-full wp-image-75" title="rc_dama-de-bandama" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/rc_dama-de-bandama.jpg" alt="rc_dama-de-bandama" width="300" height="420" /></p>
<p><strong>Utilidad de los zigzags</strong><br />
El fondo de la caldera puede ser disfrutado con un camino circular que la surca y desde donde podemos ver sus distintas perspectivas. Tras entretenernos observando las antiguas y semiderruidas construcciones, nos preparamos para afrontar la vuelta por la misma ruta. Encontramos una enorme utilidad a los zigzags para salvar un desnivel tan pronunciado. Aunque hemos bajado por aquí, se vuelve a adueñar de nosotros la sensación de novedad de la ruta. En 45 minutos salimos a la superficie y llegamos a la cancela de hierro.</p>
<p>Como guinda para esta ruta, es recomendable subir (con el coche) al pico de Bandama (574 m) y mirar, a vista de pájaro, las huellas del camino que hemos hecho.</p>
<p><em>[Extracto del material publicado por la revista Pellagofio. Texto de <strong>M. Á. Navarro</strong>, fotografía de <strong>Yuri Millares</strong>, postal antigua del archivo de la <strong>FEDAC</strong>, lámina del endemismo la dama de Bandama exclusivo de este lugar por <strong>Tony Sánchez</strong>. Más información en las páginas de la revista Pellagofio <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/226">Admiración ante un cráter perfecto</a> y en <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/215">Hace cinco mil años</a>.]</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Montaña de Tauro, en Gran Canaria</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 12:13:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[medio recorrido]]></category>
		<category><![CDATA[yacimiento aborigen]]></category>

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		<description><![CDATA[
Recorremos un pequeño tramo del camino real Tejeda-Mogán, que parte de la  pequeña presa de Salto del Perro para ascender hasta la degollada de Las Lapas,  un espléndido mirador sobre el barranco de Mogán cerca de la cima de la montaña  de Tauro. Una desviación nos acerca a un yacimiento aborigen y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-28 alignright" title="montana_tauro" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/montana_tauro.jpg" alt="Montaña Tauro" width="425" height="282" /></p>
<p><strong><em>Recorremos un pequeño tramo del camino real Tejeda-Mogán, que parte de la  pequeña presa de Salto del Perro para ascender hasta la degollada de Las Lapas,  un espléndido mirador sobre el barranco de Mogán cerca de la cima de la montaña  de Tauro. Una desviación nos acerca a un yacimiento aborigen y a otras vistas  impresionantes. En total, son unos 5 km a pie que se hacen en una hora y 40  minutos (sólo ida; pero hay que volver).<span id="more-27"></span></em><br />
</strong><br />
Para alcanzar el punto de partida del camino, el grupo de senderistas que  participa en la excursión (nadadores que por un día cambian el bañador por las  botas y la mochila) llega en una pequeña guagua desde <strong>Ayacata</strong>,  bajando hacia la <strong>presa de la Cueva de las Niñas </strong>y tras  rebasarla en dirección a Mogán, cogiendo el desvío que se dirige, en una  estrecha pista asfaltada, hacia <strong>Barranquillo Andrés</strong>. Una curva  cerrada de esta pista, justo cuando tenemos a la vista la <strong>presa del  Salto del Perro</strong>, nos indica el lugar en el que hay que apearse (hay  espacio para aparcar). Unos pocos metros más adelante se observa el sendero  partir, por la derecha de la pista, en dirección a la montaña objeto de la  excursión, que aparece majestuosa y solitaria ante nuestros ojos.</p>
<p>Iniciamos el ascenso de modo muy suave y poco después se acentúa un poco la  pendiente, adentrándonos en una zona de pinar que, sin embargo, también es  habitada por otras muchas especies vegetales (cerrajones, escobones, retamas,  tajinastes). Atravesamos una zona umbría, la <strong>cañada de la Fuente del  Durazno, </strong>y llegamos a una explanada pedregosa de nuevo al sol que, si  nos acercamos a mirar, nos proporciona un mirador sobre la <strong>presa del  Mulato</strong> y al fondo los <strong>macizos de Ojeda e Inagua. </strong>Poco  después (a la izquierda del camino) podemos observar los restos de un antiguo  horno de brea que nos indica la intensa actividad silvícola que se practicaba en  la zona todavía en la primera mitad del siglo XX.</p>
<p>A partir de aquí, el camino se vuelve más empinado y serpenteante, entre  pinares que no impiden, según la distinta orientación en cada momento, disfrutar  del paisaje (si paramos de vez en cuanto a levantar la mirada que tenemos puesta  en el empedrado). No tardaremos mucho en llegar a otra explanada. Estamos ya en  la <strong>degollada de Las Lapas</strong>. Mirando hacia arriba aún queda algo  de altura para la cima de la <strong>montaña de Tauro</strong> (1.214 m).  Acercándonos a un mojón elevado de piedras amontonadas nos asomamos a una vista  vertiginosa sobre el risco. Debajo tenemos el <strong>barranco de Mogán </strong>y, mirando al sur, el pueblo del mismo nombre. De regreso, apenas  iniciamos el descenso por el camino, cuando podemos desviarnos donde unas  piedras marcan un delgado caminito en la ladera que nos lleva a otra explanada:  cuando el pinar disperso se aclara, el claro nos deja ver un precioso yacimiento  aborigen, el <strong>almogarén de Tauro.</strong></p>
<p><img class="size-full wp-image-30 alignleft" title="montana_tauro_2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/montana_tauro_2.jpg" alt="Montaña Tauro" width="400" height="265" /></p>
<p><strong>Monumento religioso<br />
</strong>Faustino García Márquez tiene escrito y  dibujado un trabajo de investigación y análisis <em>[Almogarems y goros. Una  construcción aborigen en la montaña de Tauro (Gran Canaria)]</em> sobre lo que  tenemos ante nuestros ojos al llegar a este momento del recorrido. Se trata de  una construcción de gruesas paredes de piedra seca formando tres cuerpos: “El  cuerpo central es una elipse irregular de 8,5 x 10,5 metros, con una entrada de  2 metros de anchura. A este cuerpo se encuentran adosados los dos restantes. El  de la izquierda, al norte del cuerpo central, es un cuadrilátero abierto  totalmente por una de sus caras a una plataforma artificial que tiene en su  centro un pináculo cónico de 1,50 metros de altura; las dimensiones del espacio  abrazado por las tres paredes es de 3,10 x 4,80 metros. El tercer cuerpo es casi  cuadrado, midiendo 4,40 x 4,60 metros, y presenta dos entradas y un nicho o  cabecera”.</p>
<p>Destaca el autor que en todo el recinto, orientado al norte sobre el filo de  una empinada ladera y con vistas a las cumbres de la isla, “no se aprecia la más  mínima señal de habitación, ni resto alguno de techumbre”. Con esta información,  ¿qué función pudo tener esta construcción para quienes la levantaron en la época  prehispánica? Faustino García descarta los usos de habitación, de refugio  pastoril (pues es una construcción demasiado sólida), ni funerario (tampoco  parece lugar para la preparación de cadáveres). Así pues, quedan las opciones de  uso comunitario o de culto.</p>
<p>“La altura, el paisaje que domina, la estructura particular del cuerpo  abierto, la cualidad de la montaña como altura aislada y predominante, todo ello  nos obliga a pensar en un sentido religioso del monumento, sin despreciar una  solución híbrida, cívico-religiosa (…). La explanada donde se halla (…) es ideal  para una congregación de fieles, bien para actos religiosos, bien para  festejos…”.</p>
<p><em>[Texto y fotografías: <strong>Yuri Millares</strong>. Más información de este sendero en la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/292">revista Pellagofio</a>.]</em></p>
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		<title>El Juncal a roque Mulato, en Gran Canaria</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 08:54:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[medio recorrido]]></category>
		<category><![CDATA[Tejeda]]></category>

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Los 9 km de esta ruta se pueden hacer en dos horas y media (otro tanto si regresamos al punto de partida: El Juncal de Tejeda). Un camino fácil aunque con bastante desnivel que ofrece la opción, a quienes practiquen rapel, de hacer una parte del mismo por el propio cauce del agua: en tal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-5 alignright" title="juncalroquemulato" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/juncalroquemulato.jpg" alt="Juncal - Roque Mulato" width="300" height="400" /></p>
<p><em><strong>Los 9 km de esta ruta se pueden hacer en dos horas y media (otro tanto si regresamos al punto de partida: El Juncal de Tejeda). Un camino fácil aunque con bastante desnivel que ofrece la opción, a quienes practiquen rapel, de hacer una parte del mismo por el propio cauce del agua: en tal caso es imprescindible contar en el equipo adecuado (cuerda de 45 metros, cintas planas para rapelar y mosquetones, además de trajes de neopreno).</strong></em></p>
<p>En la zona centro-oeste de Gran Canaria y a seis kilómetros de Ayacata se esconde un precioso lugar. Desconocido para la mayoría de los propios residentes en la isla, su presencia de hace evidente justo después del pueblo de El Juncal de Tejeda y es el objetivo del sendero en esta ocasión: el roque Mulato. El sendero nace como pista de tierra siguiendo el curso del barranco del Juncal y el rumor del agua en el invierno. La pista agoniza pasado un kilómetro y medio, aproximadamente, desde que salimos del pueblo cumbrero de El Juncal y se estrecha para dar la bienvenida a un camino estrecho que rodea una tupida vegetación. El verde se abre poco a poco a un magnífico balcón que muestra casi a vista de pájaro el trazado a seguir.<span id="more-3"></span></p>
<p>La variopinta flora decora el paisaje de colores de una amplia gama, dejando sobresalir entre palmeras canarias y tajinastes, la huella de una presencia humana que se manifiesta en piteras, almendreros y tuneras que dan ritmo y sentido a esta enorme depresión del terreno antaño habitada por laboriosos isleños dedicados a la agricultura y el pastoreo.</p>
<p><strong>Inhóspito y salvaje<br />
</strong>Se trata de un barranco bien protegido en sus flancos por grandes riscos de corte limpio, que le dan una sensación de inhóspito y salvaje. El barranco del Juncal se junta con el barranco del Toscón y ambos se convierten, al seguir unidos en un solo curso, en el barranco de Siberio. Es un lugar caprichoso que invita a seguir el sendero, cruzando de una ladera a otra al atravesar el rumor cristalino del agua que también cabalga saltarina en la época de lluvias. Bien sea siguiendo el camino del agua, o bien por el trazado claro del hombre rural, los ojos se encuentran al fin con la figura imponente del roque Mulato (820 m), que flota en la arista a nuestra izquierda y se asemeja a la silueta de las carabelas de Colón con las velas abiertas al viento.</p>
<p>Si la ruta se hace por el propio cauce de agua hay que tener en cuenta que lo accidentado del terreno nos obligará a dos rapeles cortos de unos 15 metros aproximadamente, para el que se precisa cuerda y dos vagas anchas, ya que el barranco no está equipado para su descenso.</p>
<p>El terreno nos deja descansar del continuo descenso que hemos estado practicando cuando llegamos a un puzzle de roca basáltica desprendida sobre el que se ha ido asentando el camino. Ya desde aquí asoman las primeras casas que vamos a encontrar en el recorrido, de anchos bloques de piedra y cubiertas de teja canaria vencida por el peso de los años. Unas construcciones que hoy adornan helechos y otras plantas que lamen las grietas y arrugas de estas ancianas y deterioradas paredes, deshabitadas salvo contadas excepciones (Juan Quintana vive y comparte custodia de un naciente de agua junto a algún vecino más de este remoto lugar). Desde aquí podemos continuar por la pista que comunica con el pueblo de El Carrizal de Tejeda, donde concluye la ruta, o regresar al punto de partida por el mismo sendero que nos ha traído hasta aquí.</p>
<p><em>[Extracto del material publicado por la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/237">revista Pellagofio</a>. Texto de <strong>M. Á. Navarro</strong>, fotografía de <strong>Diego Monteiro</strong>.]</em></p>
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