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	<title>Recorre Canarias &#187; Admin</title>
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	<description>Senderismo en Canarias</description>
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		<title>Caldera de Bandama, en Gran Canaria</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 12:25:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[Recomendados]]></category>
		<category><![CDATA[Las Palmas de Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[pequeño recorrido]]></category>

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		<description><![CDATA[La caldera de Bandama tiene unos 170 m de profundidad y 1.000 m de diámetro. Para llegar al fondo sólo hay que seguir el camino que parte del interior del caserío de Bandama, justo al lado de la ermita. El descenso se puede hacer en una media hora. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-73" title="rc_caldera-bandama-1" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/rc_caldera-bandama-1.jpg" alt="rc_caldera-bandama-1" width="350" height="339" /><strong><em>La caldera de Bandama tiene unos 170 m de profundidad y 1.000 m de diámetro. Para llegar al fondo sólo hay que seguir el camino que parte del interior del caserío de Bandama, justo al lado de la ermita. El descenso se puede hacer en una media hora.</em><br />
</strong><br />
“La primera sensación es de intensa sorpresa y admiración ante el hecho de que la Naturaleza pueda haber creado algo tan perfecto”, escribió la viajera inglesa Olivia Stone (1887), que bajó con un grupo de excursionistas a caballo. “Este es el cráter más perfecto de Canarias, una depresión cóncava de tierra y rocas de una uniformidad como sólo la naturaleza sabe crear”, describió otro viajero británico, Charles Edwardes (1888), que bajó animado por sus residentes para que bebiera un vino que le pareció fuerte, pero a su guía Pancho le entusiasmó y casi se bebe la garrafa él solo. <span id="more-32"></span></p>
<p>Un siglo y unos cuantos años después, la caldera de Bandama y el pico que se eleva a su lado han sido declarados Monumento Natural por constituir “dos unidades naturales de gran singularidad e interés científico”, y están integrados a su vez en el Espacio Protegido de Tafira. Se trata de una caldera de explosión que guarda nostálgicas cicatrices de lava en muchas de sus vertientes para recordarnos su origen.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-74" title="rc_caldera-bandama-2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/rc_caldera-bandama-2.jpg" alt="rc_caldera-bandama-2" width="300" height="193" />El comienzo del camino, que se adentra por sus paredes laterales para descender hasta el fondo del cráter, está señalizado entre las casas que se encuentran al borde de su gran hueco de un kilómetro de diámetro. Una sólida puerta de hierro pintada de negro invita a entrar (en horario diurno: a partir de las 17.00 horas es cerrada hasta la mañana siguiente). Los ojos comienzan a revolotear y a viajar desde la altura por este enclave. En claros zigzags comenzamos un descenso que durará aproximadamente 35 minutos. El camino está muy marcado y no ofrece dudas de nuestro destino final.</p>
<p><strong>Palmeras y eucaliptos</strong><br />
La vegetación chilla y se apodera de tantos sitios como puede, con una misteriosa y cosmopolita mezcla. Las palmeras canarias y los eucaliptos dispersos alternan con una variedad de colorida flora que nos saluda todo el camino (vinagreras, lentiscos, acebuches, cardones, tabaibas). Nos sumergimos poco a poco en las profundidades de la caldera. El ruido se queda atrás, el rastro del mar en el horizonte desaparece. Das vueltas sobre ti mismo y lo único que ves son las paredes envejecidas de picón (lapilli). Detrás de nosotros, queda el pico de Bandama, desde donde hay una panorámica bellísima de este paraje.</p>
<p>El nombre del lugar viene de un comerciante holandés que, en el siglo XVI, cosechaba viñedos en el fondo del cráter. Desde nuestra perspectiva de silencio, miramos en el fondo los restos de unas terrazas de cultivo. También observamos dos eras, confundidas entre los matorrales, las pitas y las higueras canarias. Hay una planta que merece que ser nombrada, aunque difícil de identificar por su rareza ya que únicamente se puede encontrar en este lugar. La bautizaron con el nombre de Parolinia glabriuscula y es un arbusto que puede llegar al metro y medio de altura con flores.<img class="alignleft size-full wp-image-75" title="rc_dama-de-bandama" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/rc_dama-de-bandama.jpg" alt="rc_dama-de-bandama" width="300" height="420" /></p>
<p><strong>Utilidad de los zigzags</strong><br />
El fondo de la caldera puede ser disfrutado con un camino circular que la surca y desde donde podemos ver sus distintas perspectivas. Tras entretenernos observando las antiguas y semiderruidas construcciones, nos preparamos para afrontar la vuelta por la misma ruta. Encontramos una enorme utilidad a los zigzags para salvar un desnivel tan pronunciado. Aunque hemos bajado por aquí, se vuelve a adueñar de nosotros la sensación de novedad de la ruta. En 45 minutos salimos a la superficie y llegamos a la cancela de hierro.</p>
<p>Como guinda para esta ruta, es recomendable subir (con el coche) al pico de Bandama (574 m) y mirar, a vista de pájaro, las huellas del camino que hemos hecho.</p>
<p><em>[Extracto del material publicado por la revista Pellagofio. Texto de <strong>M. Á. Navarro</strong>, fotografía de <strong>Yuri Millares</strong>, postal antigua del archivo de la <strong>FEDAC</strong>, lámina del endemismo la dama de Bandama exclusivo de este lugar por <strong>Tony Sánchez</strong>. Más información en las páginas de la revista Pellagofio <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/226">Admiración ante un cráter perfecto</a> y en <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/215">Hace cinco mil años</a>.]</em></p>
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		<title>Montaña de Tauro, en Gran Canaria</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 12:13:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gran Canaria]]></category>
		<category><![CDATA[medio recorrido]]></category>
		<category><![CDATA[yacimiento aborigen]]></category>

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		<description><![CDATA[
Recorremos un pequeño tramo del camino real Tejeda-Mogán, que parte de la  pequeña presa de Salto del Perro para ascender hasta la degollada de Las Lapas,  un espléndido mirador sobre el barranco de Mogán cerca de la cima de la montaña  de Tauro. Una desviación nos acerca a un yacimiento aborigen y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-28 alignright" title="montana_tauro" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/montana_tauro.jpg" alt="Montaña Tauro" width="425" height="282" /></p>
<p><strong><em>Recorremos un pequeño tramo del camino real Tejeda-Mogán, que parte de la  pequeña presa de Salto del Perro para ascender hasta la degollada de Las Lapas,  un espléndido mirador sobre el barranco de Mogán cerca de la cima de la montaña  de Tauro. Una desviación nos acerca a un yacimiento aborigen y a otras vistas  impresionantes. En total, son unos 5 km a pie que se hacen en una hora y 40  minutos (sólo ida; pero hay que volver).<span id="more-27"></span></em><br />
</strong><br />
Para alcanzar el punto de partida del camino, el grupo de senderistas que  participa en la excursión (nadadores que por un día cambian el bañador por las  botas y la mochila) llega en una pequeña guagua desde <strong>Ayacata</strong>,  bajando hacia la <strong>presa de la Cueva de las Niñas </strong>y tras  rebasarla en dirección a Mogán, cogiendo el desvío que se dirige, en una  estrecha pista asfaltada, hacia <strong>Barranquillo Andrés</strong>. Una curva  cerrada de esta pista, justo cuando tenemos a la vista la <strong>presa del  Salto del Perro</strong>, nos indica el lugar en el que hay que apearse (hay  espacio para aparcar). Unos pocos metros más adelante se observa el sendero  partir, por la derecha de la pista, en dirección a la montaña objeto de la  excursión, que aparece majestuosa y solitaria ante nuestros ojos.</p>
<p>Iniciamos el ascenso de modo muy suave y poco después se acentúa un poco la  pendiente, adentrándonos en una zona de pinar que, sin embargo, también es  habitada por otras muchas especies vegetales (cerrajones, escobones, retamas,  tajinastes). Atravesamos una zona umbría, la <strong>cañada de la Fuente del  Durazno, </strong>y llegamos a una explanada pedregosa de nuevo al sol que, si  nos acercamos a mirar, nos proporciona un mirador sobre la <strong>presa del  Mulato</strong> y al fondo los <strong>macizos de Ojeda e Inagua. </strong>Poco  después (a la izquierda del camino) podemos observar los restos de un antiguo  horno de brea que nos indica la intensa actividad silvícola que se practicaba en  la zona todavía en la primera mitad del siglo XX.</p>
<p>A partir de aquí, el camino se vuelve más empinado y serpenteante, entre  pinares que no impiden, según la distinta orientación en cada momento, disfrutar  del paisaje (si paramos de vez en cuanto a levantar la mirada que tenemos puesta  en el empedrado). No tardaremos mucho en llegar a otra explanada. Estamos ya en  la <strong>degollada de Las Lapas</strong>. Mirando hacia arriba aún queda algo  de altura para la cima de la <strong>montaña de Tauro</strong> (1.214 m).  Acercándonos a un mojón elevado de piedras amontonadas nos asomamos a una vista  vertiginosa sobre el risco. Debajo tenemos el <strong>barranco de Mogán </strong>y, mirando al sur, el pueblo del mismo nombre. De regreso, apenas  iniciamos el descenso por el camino, cuando podemos desviarnos donde unas  piedras marcan un delgado caminito en la ladera que nos lleva a otra explanada:  cuando el pinar disperso se aclara, el claro nos deja ver un precioso yacimiento  aborigen, el <strong>almogarén de Tauro.</strong></p>
<p><img class="size-full wp-image-30 alignleft" title="montana_tauro_2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/montana_tauro_2.jpg" alt="Montaña Tauro" width="400" height="265" /></p>
<p><strong>Monumento religioso<br />
</strong>Faustino García Márquez tiene escrito y  dibujado un trabajo de investigación y análisis <em>[Almogarems y goros. Una  construcción aborigen en la montaña de Tauro (Gran Canaria)]</em> sobre lo que  tenemos ante nuestros ojos al llegar a este momento del recorrido. Se trata de  una construcción de gruesas paredes de piedra seca formando tres cuerpos: “El  cuerpo central es una elipse irregular de 8,5 x 10,5 metros, con una entrada de  2 metros de anchura. A este cuerpo se encuentran adosados los dos restantes. El  de la izquierda, al norte del cuerpo central, es un cuadrilátero abierto  totalmente por una de sus caras a una plataforma artificial que tiene en su  centro un pináculo cónico de 1,50 metros de altura; las dimensiones del espacio  abrazado por las tres paredes es de 3,10 x 4,80 metros. El tercer cuerpo es casi  cuadrado, midiendo 4,40 x 4,60 metros, y presenta dos entradas y un nicho o  cabecera”.</p>
<p>Destaca el autor que en todo el recinto, orientado al norte sobre el filo de  una empinada ladera y con vistas a las cumbres de la isla, “no se aprecia la más  mínima señal de habitación, ni resto alguno de techumbre”. Con esta información,  ¿qué función pudo tener esta construcción para quienes la levantaron en la época  prehispánica? Faustino García descarta los usos de habitación, de refugio  pastoril (pues es una construcción demasiado sólida), ni funerario (tampoco  parece lugar para la preparación de cadáveres). Así pues, quedan las opciones de  uso comunitario o de culto.</p>
<p>“La altura, el paisaje que domina, la estructura particular del cuerpo  abierto, la cualidad de la montaña como altura aislada y predominante, todo ello  nos obliga a pensar en un sentido religioso del monumento, sin despreciar una  solución híbrida, cívico-religiosa (…). La explanada donde se halla (…) es ideal  para una congregación de fieles, bien para actos religiosos, bien para  festejos…”.</p>
<p><em>[Texto y fotografías: <strong>Yuri Millares</strong>. Más información de este sendero en la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/292">revista Pellagofio</a>.]</em></p>
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		<title>Jerduñe a Seima, en La Gomera</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 12:03:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fuerteventura]]></category>
		<category><![CDATA[Gomera]]></category>
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		<description><![CDATA[
Desde el enlace con el camino (900 m de altitud), al inicio de la carretera  en dirección a Playa Santiago, hasta el pueblo de Seima (550 m) hay poco más de cinco kilómetros que se pueden recorrer en algo más de dos horas.
El lugar denominado con precisión Casa del Lomo, al borde  de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-20 alignleft" title="jerdune-seima" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/jerdune-seima.jpg" alt="Jerdune - Seima" width="360" height="239" /></p>
<p><strong><em>Desde el enlace con el camino (900 m de altitud), al inicio de la carretera  en dirección a Playa Santiago, hasta el pueblo de Seima (550 m) hay poco más de cinco kilómetros que se pueden recorrer en algo más de dos horas.</em></strong></p>
<p>El lugar denominado con precisión <strong>Casa del Lomo</strong>, al borde  de la carretera de la <strong>degollada de Peraza</strong> a <strong>Playa Santiago</strong>, parte este camino al borde de un lomo y deja atrás una solitaria casa. Un camino empedrado que transcurre en su inicio y durante un  largo tramo por la margen izquierda del <strong>barranco de  Chinguarime</strong>. Entre los ladridos lejanos de algún perro damos los  primeros pasos descendiendo por el sendero. Ladridos que proceden del caserío  grande de <strong>Jerduñe, </strong>llamado por los lugareños  <strong>Mequesegüe, </strong>y situado unos cientos de metros a la derecha junto  a un palmeral, en la cabecera del barranco de Chinguarime. <span id="more-19"></span></p>
<p>El caserío pequeño que también es Jerduñe, pero se llama  <strong>Berruga</strong>, sí se cruza con el camino, minutos después de una  fuente preparada para dar alivio y calmar la sed de personas y animales, con su  bebedero para éstos y una latita con asa de verguilla que aquéllos pueden  introducir tras el hueco que forman las piedras.</p>
<p>Poco más de media docena de vecinos forman el censo de Jerduñe [en 1995,  cuando se sitúa este relato], incluyendo a los dos únicos vecinos de Berruga,  ocupando una vivienda tradicional junto a otras que muestran ya los síntomas del  abandono y la migración. Junto a las casas, unos llanos que se cultivan de papas  y que, en su mayoría, ya no se trabajan. En los últimos llanos cultivados el  único hombre de Berruga prepara los surcos de donde saldrán unas matitas verdes  que esconden, bajo tierra, el preciado tubérculo de dieta tan socorrida. La  única mujer colabora en diversas tareas al tiempo que reúne leña para  cocinar.</p>
<p><img class="size-full wp-image-22 alignright" title="jerdune-seima_2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/jerdune-seima_2.jpg" alt="Jerdune - Seima" width="265" height="400" /></p>
<p><strong>Candela</strong><br />
Deben acondicionar los terrenos antes de cada siembra, por eso “tendría que dar fuego a los paredones”, dice él refiriéndose a  esos muros de piedra que señalan los límites de cada llanito, “pero el jumo  asusta a la gente y enseguida vienen los guardias a ver qué pasa”. El humo causa  alarma desde lejos a quien lo divisa, más en una isla como ésta, donde incendios de triste recuerdo han arrasado hectáreas de bosques y, en algún caso, segado  vidas. Sin embargo, pastos, rastrojos y hojas secas de palmeras hay que eliminarlos para reducir esos riesgos. “Antes había aquí sembrados y carboneo y  no había fuego ninguno”, explican los últimos vecinos de Berruga, pero,  abandonados los campos y sin los cuidados que antes se le hacían, la vegetación  crece más libre, pero también con más riesgos para sí misma. “Es que si no se  limpia el terreno y hay un fuego, entonces sí que se enchurrusca todo con la  candela”.</p>
<p>La vegetación natural que observamos donde comienza esta ruta incluye  escobones, jaras, tabaibas, tajinastes, veroles y un largo etcétera, mientras, en dirección a los <strong>riscos de la Fortaleza</strong>, pegados al estrecho pero seguro sendero por el borde del barranco de Chinguarime, aparece otra más  termófila de transición, rupícola y alguna propia del monteverde. Más tarde, en zonas más soleadas, se añaden el espliego, más jaras y tabaibas y algunas  palmeras, cuando accedemos a un relieve llano dedicado en el pasado a cultivos y hoy sólo son pastos y paredones.</p>
<p><strong>Cruce y dos opciones</strong><br />
Justo unos metros antes habremos  pasado junto a algunas de las numerosas construcciones que acompañan estas  extensiones amesetadas que llevaron más allá de donde alcanza la vista los  cultivos de cereales. Las casas-cueva de <strong>Tacalcuse</strong>, pegadas a  las rocas del risco, aprovecharon de éste incluso su roca volcánica para  instalar el horno. La protección de las paredes rocosas termina aquí, pero no el  camino, que sigue descubierto y siente pronto la fuerza de un viento que agita  el pasto y nos sitúa ante un cruce con dos opciones.</p>
<p>A la izquierda se dirige a la <strong>hoya de Morales, </strong>a la derecha  hacia <strong>Contreras </strong>rumbo a <strong>Tecina. </strong>La hoya de  Morales es nuestro siguiente destino, entre algunas construcciones desperdigadas  que no son sino el adelanto de lo que fue un importante núcleo poblacional:  <strong>Seima. </strong>Hasta él debemos descender observando cada vez con mayor  detalle la ruina de un pueblo de casas pequeñas, alineadas en diversos niveles,  con sus huertos abandonados y los techos hundidos. El último de sus habitantes  lo abandonó [mucho] antes de que la década de los noventa [cuando llegamos]  pasara factura al calendario. Su estructura conserva la distribución y  organización de un poblado, dedicado por entero a una agricultura y ganadería  tradicionales, que se mantuvo aislado hasta el último momento de vida en su  interior.</p>
<p><em>[Texto y fotografías: <strong>Yuri Millares</strong>. Más información de este sendero en la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/281">revista Pellagofio</a>.]</em></p>
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		<title>Seima a Playa Santiago, en La Gomera</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 11:55:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gomera]]></category>
		<category><![CDATA[medio recorrido]]></category>

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		<description><![CDATA[
Habíamos llegado a Seima, en la hoya de  Morales, procedentes de la degollada de Peraza, por el  camino que sale de Jerduñe. Partiendo de Seima (520 m de altitud) hay poco más de nueve kilómetros hasta llegar a Tecina y Playa Santiago, pasando por la playa de Tapahuga, al cabo de tres horas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-15 alignleft" title="seima-playa_santiago" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/seima-playa_santiago.jpg" alt="Seima - Playa Santiago" width="400" height="265" /></p>
<p><em><strong>Habíamos llegado a </strong><strong>Seima, en la </strong><strong>hoya de  Morales, procedentes de la </strong><strong>degollada de Peraza, por el  <a href="http://recorrecanarias.com/2009/gomera/jerdune-a-seima/">camino que sale de Jerduñe</a>. Partiendo de Seima (520 m de altitud) hay poco más de nueve kilómetros hasta llegar a Tecina y Playa Santiago, pasando por la playa de Tapahuga, al cabo de tres horas y cuarto de caminar.<span id="more-14"></span></strong></em></p>
<p>El caserío abandonado de Seima,  entre lomadas que bate un aire ventoso, dispone sus casas de modesta  construcción alineadas en varias hileras y muy pegadas a la tierra, ahí donde  más protegidas están del aire. Sus tejados, en cambio, no han podido resistir  los sencillos y pobres elementos constructivos con los que se levantaron y han  terminado por desplomarse sobre algunas de las habitaciones y alpendres. Aquí, a  pesar de la altitud, tras el éxodo rural se han extendido especies vegetales del  piso basal entre la antiguas tierras de cultivo. Crecen tajinastes, balos,  tabaibas, espliegos, cabezotes; a cobijo de la protección que ofrecen las  paredes de los barrancos están vinagreras, tasaigos y cornicales.</p>
<p><strong>San Juan, hoguera y voladores</strong></p>
<p><img class="size-full wp-image-17 alignright" title="seima-playa_santiago_2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/seima-playa_santiago_2.jpg" alt="Seima Playa Santiago" width="265" height="400" /></p>
<p>[Manuel Mendoza fue uno de  los últimos vecinos de Seima. Nació en los llanos de Morales y vivió allí hasta  1955, antes de emigrar a San Sebastián de La Gomera. “En el año cuarenta y pico  había casas de familia que no tenían nada. Sembraban a medias y tenían el ganado  a medias. Empezó entonces la cosa de los tomateros en el sur de Tenerife y la  gente se iba con los hijos”, relata. Él tenía 13 años cuando estaba ya al  cuidado de una yunta. “Y mira el sacrificio que tenías que hacer cuando debías  ir a la molina a Santiago y volver otra vez. Había que cargar el burrito el que  tenía burro y el que no, a lomos”, sigue. Pero también había momentos para la  fiesta: “Por San Juan se hacían hogueras y había un entusiasmo grande. De meses  antes se ponían a juntar julagas para hacerlas y la gente daba dinero para los  voladores”.]</p>
<p>Acompañados por el viento se llega al siguiente núcleo antes poblado [el otro  barrio del pueblo de Seima], <strong>Contreras</strong>, situado a poca  distancia del anterior donde iniciamos el recorrido. Solitario como nuestro  punto de partida, destaca la casa de dos plantas con balcón que, con su porte  señorial, parece indicar su condición pasada de pertenencia a una adinerada  familia, en unas tierras que perdieron, seguramente ya para siempre, su  condición de prósperas. En este lugar sí podemos ver palmeras, piteras, tuneras  o higueras, con preferencia por el cauce del barranco para guarecerse del  viento.</p>
<p>El sendero sigue avanzando por vaguadas y lomas y deja a sus lados los restos  de antiguas paredes, marcando desaparecidas fincas en las que aún se pueden  distinguir eras y pequeñas casas de piedra [utilizadas antaño para guardar el  grano]. El descenso hacia la desembocadura de los siguientes barrancos con los  que se cruza el camino nos sitúa, a 250 m sobre el nivel del mar, con otras  especies vegetales como la orijama y la dama. El clima cálido y seco y la alta  insolación de esta zona nos hará encontrar, como fauna más característica, a  aves como la perdiz moruna y el zarzalero, llamado también curruca tomillera.</p>
<p><strong>Tres playas<br />
</strong>Llegando al <strong>barranco de Chinguarime </strong>descubrimos el primer paisaje verde: unas fincas de plataneras que  salpican la desembocadura de este cauce, con una población natural de  vinagreras, verodes, magarzas, tasaigos, tajinastes y cornicales. El camino pasa  por <strong>Casas de Joradillo</strong> y debe sortear dos barrancos más,  similares a éste, y con final en sendas playas de callaos, las <strong>playas  del Medio y de Tapahuga</strong>. Tres playas bien delimitadas por <strong>punta  Gaviota </strong>y la <strong>punta de la Herradura</strong>, en la última de  las cuales quedan restos de una actividad pesquera que combinó el muelle con el  embarque de tomates y plátanos.</p>
<p>Subir al <strong>lomo de Tecina</strong> [a continuación] es encontrarse con  una próspera sucesión de plataneras que están cambiando su producción por el  cultivo de frutos subtropicales. Tras ella se levanta una amplia construcción de  diseño integrado con el lugar, el hotel Tecina, propiedad, como las tierras y  cultivos circundantes, de la empresa Fred. Olsen. Las fincas se suceden hasta el  propio <strong>barranco de Santiago</strong>, cuya playa es destino de turistas  europeos.</p>
<p><em>[Texto y fotografías: <strong>Yuri Millares</strong>. Más información de este sendero en la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/270">revista Pellagofio</a>.]</em></p>
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		<title>Tuineje a Tiscamanita, en Fuerteventura</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 11:45:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fuerteventura]]></category>
		<category><![CDATA[pequeño recorrido]]></category>

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		<description><![CDATA[
Un camino muy cómodo de hacer a pie, pues apenas nos lleva una hora de camino  por pistas de tierra completamente llanas para descubrir las llanuras del centro  de Fuerteventura.

El pueblo de Tuineje, cabeza del municipio del mismo nombre, agrupa sus casas en torno a una singular iglesia que recuerda en sus frescos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-11 alignright" title="tuineje-tiscamanita_2" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/tuineje-tiscamanita_2.jpg" alt="Tuineje Tiscamanita" width="400" height="265" /><br />
<strong><em>Un camino muy cómodo de hacer a pie, pues apenas nos lleva una hora de camino  por pistas de tierra completamente llanas para descubrir las llanuras del centro  de Fuerteventura.<br />
</em></strong><br />
El pueblo de Tuineje, cabeza del municipio del mismo nombre, agrupa sus casas en torno a una singular iglesia que recuerda en sus frescos la feroz batalla de Tamasite contra el desembarco de corsarios ingleses que hasta las faldas de esa montaña llegaron en 1740. Fernando Roger y José Francisco Camejo Casanova atraviesan sus calles guiando, respectivamente, al majalulo (camello joven) <em>Tao</em> y el carro del que tira el burro <em>Beethoven</em>. Se dirigen a la piscina municipal, al otro lado de la carretera, desde donde parte una pista de tierra que comunica al norte con el pueblo de Tiscamanita, buscando abrir una posible ruta para excursiones guiadas con carro.<span id="more-9"></span></p>
<p>Junto a la iglesia, edificada en el siglo XVIII, comienzan a andar Fernando y <em>Tao </em>seguidos de cerca por José  Francisco y <em>Beethoven, </em>cuando alcanzan la <strong>piscina municipal</strong> de Tuineje, por una pista de tierra que deja a sus espaldas la <strong>montaña de Tamasite</strong> a cuyos pies tuvo lugar la batalla entre  majoreros e ingleses. El balanceo típico del andar del camello imprime el ritmo  de los caminantes y es seguido con indiferencia por el burro. Enseguida dejamos  atrás los restos de uno de los molinos de viento, de estampa similar a los  quijotescos, que abundan en estas llanuras y alcanzamos las cuarterías de <strong>Teguereis</strong>. Estas tierras cerealeras son ahora pedregales en los  que destacan la silueta de palmeras y molinos americanos indicando la presencia  de pozos y pequeños huertos.</p>
<p><strong>El volcán, delante<br />
</strong>El rectilíneo trazado de la pista  llega a un cruce, con restos de construcciones y un antiguo pozo, y tomamos a la  izquierda en dirección norte. El paisaje no varía, seguimos por las mismas  llanuras y con la pista flanqueada por paredes bajas de piedra seca, delimitando  tierras de cultivo abandonadas. Así hasta que llegamos a un invernadero de  cristal a los 45 minutos de iniciar el camino. Fue el primer invernadero que se  levantó en la isla, de eso hace unos 35 años, dedicado al cultivo de la  cochinilla. “Se criaba muy bien, sin viento ni lluvia”, describe un vecino de la  zona, que vio cómo la iniciativa derivó hacia el cultivo de tomates, después de  calabacinos, y terminó como la mayoría del paisaje agrícola que nos rodea: en el  abandono. Frente a nosotros se divisa el pueblo de <strong>Tiscamanita</strong> delante del <strong>volcán de Gayría</strong>, que con su singular silueta de  dos picos hace rato que marca nuestra visión del horizonte al final del  camino.</p>
<p>Apenas diez minutos después ya entramos en el pueblo por la calle San Antonio  (asfaltada) y a los 50 metros giramos a la derecha por otra calle (de tierra  nuevamente) hasta el nuevo giro a la izquierda para seguir por la calle San  Marcos (asfaltada). Llegamos a la carretera general y cruzamos hasta el  restaurado molino de viento de Tiscamanita.</p>
<p><em>[Texto y fotografías: <strong>Yuri Millares</strong>. Más información de este sendero en la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/259">revista Pellagofio</a>.]</em></p>
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		<title>El Juncal a roque Mulato, en Gran Canaria</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 08:54:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Admin</dc:creator>
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Los 9 km de esta ruta se pueden hacer en dos horas y media (otro tanto si regresamos al punto de partida: El Juncal de Tejeda). Un camino fácil aunque con bastante desnivel que ofrece la opción, a quienes practiquen rapel, de hacer una parte del mismo por el propio cauce del agua: en tal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-5 alignright" title="juncalroquemulato" src="http://recorrecanarias.com/wp-content/uploads/2009/04/juncalroquemulato.jpg" alt="Juncal - Roque Mulato" width="300" height="400" /></p>
<p><em><strong>Los 9 km de esta ruta se pueden hacer en dos horas y media (otro tanto si regresamos al punto de partida: El Juncal de Tejeda). Un camino fácil aunque con bastante desnivel que ofrece la opción, a quienes practiquen rapel, de hacer una parte del mismo por el propio cauce del agua: en tal caso es imprescindible contar en el equipo adecuado (cuerda de 45 metros, cintas planas para rapelar y mosquetones, además de trajes de neopreno).</strong></em></p>
<p>En la zona centro-oeste de Gran Canaria y a seis kilómetros de Ayacata se esconde un precioso lugar. Desconocido para la mayoría de los propios residentes en la isla, su presencia de hace evidente justo después del pueblo de El Juncal de Tejeda y es el objetivo del sendero en esta ocasión: el roque Mulato. El sendero nace como pista de tierra siguiendo el curso del barranco del Juncal y el rumor del agua en el invierno. La pista agoniza pasado un kilómetro y medio, aproximadamente, desde que salimos del pueblo cumbrero de El Juncal y se estrecha para dar la bienvenida a un camino estrecho que rodea una tupida vegetación. El verde se abre poco a poco a un magnífico balcón que muestra casi a vista de pájaro el trazado a seguir.<span id="more-3"></span></p>
<p>La variopinta flora decora el paisaje de colores de una amplia gama, dejando sobresalir entre palmeras canarias y tajinastes, la huella de una presencia humana que se manifiesta en piteras, almendreros y tuneras que dan ritmo y sentido a esta enorme depresión del terreno antaño habitada por laboriosos isleños dedicados a la agricultura y el pastoreo.</p>
<p><strong>Inhóspito y salvaje<br />
</strong>Se trata de un barranco bien protegido en sus flancos por grandes riscos de corte limpio, que le dan una sensación de inhóspito y salvaje. El barranco del Juncal se junta con el barranco del Toscón y ambos se convierten, al seguir unidos en un solo curso, en el barranco de Siberio. Es un lugar caprichoso que invita a seguir el sendero, cruzando de una ladera a otra al atravesar el rumor cristalino del agua que también cabalga saltarina en la época de lluvias. Bien sea siguiendo el camino del agua, o bien por el trazado claro del hombre rural, los ojos se encuentran al fin con la figura imponente del roque Mulato (820 m), que flota en la arista a nuestra izquierda y se asemeja a la silueta de las carabelas de Colón con las velas abiertas al viento.</p>
<p>Si la ruta se hace por el propio cauce de agua hay que tener en cuenta que lo accidentado del terreno nos obligará a dos rapeles cortos de unos 15 metros aproximadamente, para el que se precisa cuerda y dos vagas anchas, ya que el barranco no está equipado para su descenso.</p>
<p>El terreno nos deja descansar del continuo descenso que hemos estado practicando cuando llegamos a un puzzle de roca basáltica desprendida sobre el que se ha ido asentando el camino. Ya desde aquí asoman las primeras casas que vamos a encontrar en el recorrido, de anchos bloques de piedra y cubiertas de teja canaria vencida por el peso de los años. Unas construcciones que hoy adornan helechos y otras plantas que lamen las grietas y arrugas de estas ancianas y deterioradas paredes, deshabitadas salvo contadas excepciones (Juan Quintana vive y comparte custodia de un naciente de agua junto a algún vecino más de este remoto lugar). Desde aquí podemos continuar por la pista que comunica con el pueblo de El Carrizal de Tejeda, donde concluye la ruta, o regresar al punto de partida por el mismo sendero que nos ha traído hasta aquí.</p>
<p><em>[Extracto del material publicado por la <a href="http://www.pellagofio.com/?q=node/237">revista Pellagofio</a>. Texto de <strong>M. Á. Navarro</strong>, fotografía de <strong>Diego Monteiro</strong>.]</em></p>
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