El Cabildo completa la señalización de 14 rutas ...
Chamorga a Roque Bermejo, en Tenerife
Chamorga a Roque Bermejo, en Tenerife
Camino de la Madera: primer intento. O el barranco...
Camino real de El Time a Puerto de Tazacorte, en L...
Fuerteventura dispone ya de 80 km de rutas para bi...
Chamorga a Roque Bermejo, en Tenerife
El territorio de Anaga, en la isla de Tenerife, acoge numerosos, pequeños y aislados caseríos a los que ya se puede acceder en vehículo por sinuosas carreteras asfaltadas… Excepto a algunos como el de Roque Bermejo, al pie del faro de Anaga. Dos rutas a pie y una por mar son sus accesos.
El caserío de Chamorga está al alcance de cualquiera dispuesto a recorrer su sinuosa carretera en vehículo propio, taxi o guagua de línea regular (que también llega a este apartado rincón). El centro neurálgico del lugar lo marcan el fin del asfalto y la tienda de Alvarillo, como se conoce al ventero Álvaro López Gil, detrás de su mostrador desde 1948. Es el momento de asegurarse de que la mochila contiene las provisiones necesarias para el camino o, si no, entrar a la venta.
Para ir a Roque Bermejo hay dos caminos: Por Tafada hacia el faro de Anaga, que habitualmente utilizan los técnicos de la Autoridad Portuaria encargados del mantenimiento de los equipos que cada noche lo encienden automáticamente; y por el cauce del barranco directo a Roque Bermejo, el que emplean los vecinos de Chamorga para bajar al muelle (“Yo iba dos veces al día a traer algo para la venta, con un burrillo que tenía”, relata el ventero, que cuando no había carretera recibía los suministros por barca).
Para disfrutar de una excursión por ambos, la mejor opción es salir por el primero y regresar por el segundo. Así, saliendo de la venta de Chamorga, hay que girar a la derecha y subir por detrás hacia el inicio del sendero. En sentido ascendente nos encontraremos entre pequeños bancales de papas y una frondosa vegetación de la que brezos (Erica arborea) y bicácaros (Canarina canariensis) forman parte. Volviendo la mirada atrás podremos disfrutar de una vista del caserío cada vez más lejana.
Tesoro escondido
En poco tiempo, se alcanza la Cruz del Draguillo, donde la leyenda sitúa el tesoro escondido de un pirata isleño conocido por el apodo Cabeza de Perro. Siguiendo el camino principal, desechamos las opciones del Draguillo y Cabezo del Tejo para seguir en dirección a Tafada. El último y más empinado tramo ascendente, con peldaños labrados en el terreno, nos pone ante la visión, muy cercana, de las casas semiderruidas de Tafada.
A la izquierda de estas viviendas abandonadas parte el sendero que desciende hacia el faro, que ofrecerá por momentos la magnífica visión de los roques de Anaga, el de Tierra y el de Fuera, y el extremo más oriental de la isla de Tenerife. Entre la vegetación de este tramo destaca el tajinaste de Anaga (Echium leucophaeum), endemismo local de llamativas inflorescencias de color blanco que atraen de modo especial a las abejas.
Descenso final
Este descenso atraviesa los Pasos de la Cruz, donde, entre una gran piedra y la pared del risco, discurre el camino y encontramos una pequeña fuente de agua. El paisaje con el solitario faro impresiona y aquí, más que en ningún otro momento del recorrido, serán de gran utilidad unos bastones, una lanza de caminar o, simplemente, un palo para evitar resbalar.
Desde el faro, el camino se ensancha hasta llegar al caserío de Roque Bermejo. “¡Uuh! A aquello le decíamos la carretera del Faro: por allí podía subir perfectamente un jeep en esa época”, dice Obdulia Romero Marrero, al recordar su juventud en el caserío, donde nació en 1947. El abandono y la falta de cuidados tiene este tramo en muy mal estado, con paredes derruidas que abren profundos boquetes a modo de mordidas. La ausencia de personal residiendo en el faro como antaño, también se nota en la falta de atención al camino que lo comunica con el muelle y su playa de arena negra, junto al roque que da nombre al caserío de pescadores.
Regreso
El regreso al punto de partida desde este enclave, pasa por recorrer de nuevo los últimos metros del camino, pasar por la ermita y subir junto a las paredes de la antigua hacienda del Cura. Un cartel en un cruce, antes de iniciar el ascenso al faro, nos da la pista del camino a seguir: Chamorga, dice. Seguimos por ahí y subimos hasta las cercanas Casas Blancas, grupo de viejas construcciones en la que vivía el cabrero cho Agustín Campana, del que Obdulia Romero recuerda “que le gustaban las galletas con vino”.
A partir de aquí, la ruta se adentra en el barranco de Roque Bermejo y discurre junto a su cauce, con agua casi todo el año. Cuando alcanzamos Las Manchas, hay durazneros junto a la conocida como casa Cha Malita, falta poco para llegar al final del camino. Pero aún hay que subir otro rato hasta llegar, por una pista de corto recorrido, frente a la venta de Alvarillo. Estamos en Chamorga, rodeados de dragos (Dracaena draco)
[Texto y fotografías: Yuri Millares.]





Escribir comentario