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Montaña de Tauro, en Gran Canaria

Recorremos un pequeño tramo del camino real Tejeda-Mogán, que parte de la pequeña presa de Salto del Perro para ascender hasta la degollada de Las Lapas, un espléndido mirador sobre el barranco de Mogán cerca de la cima de la montaña de Tauro. Una desviación nos acerca a un yacimiento aborigen y a otras vistas impresionantes. En total, son unos 5 km a pie que se hacen en una hora y 40 minutos (sólo ida; pero hay que volver).
Para alcanzar el punto de partida del camino, el grupo de senderistas que participa en la excursión (nadadores que por un día cambian el bañador por las botas y la mochila) llega en una pequeña guagua desde Ayacata, bajando hacia la presa de la Cueva de las Niñas y tras rebasarla en dirección a Mogán, cogiendo el desvío que se dirige, en una estrecha pista asfaltada, hacia Barranquillo Andrés. Una curva cerrada de esta pista, justo cuando tenemos a la vista la presa del Salto del Perro, nos indica el lugar en el que hay que apearse (hay espacio para aparcar). Unos pocos metros más adelante se observa el sendero partir, por la derecha de la pista, en dirección a la montaña objeto de la excursión, que aparece majestuosa y solitaria ante nuestros ojos.
Iniciamos el ascenso de modo muy suave y poco después se acentúa un poco la pendiente, adentrándonos en una zona de pinar que, sin embargo, también es habitada por otras muchas especies vegetales (cerrajones, escobones, retamas, tajinastes). Atravesamos una zona umbría, la cañada de la Fuente del Durazno, y llegamos a una explanada pedregosa de nuevo al sol que, si nos acercamos a mirar, nos proporciona un mirador sobre la presa del Mulato y al fondo los macizos de Ojeda e Inagua. Poco después (a la izquierda del camino) podemos observar los restos de un antiguo horno de brea que nos indica la intensa actividad silvícola que se practicaba en la zona todavía en la primera mitad del siglo XX.
A partir de aquí, el camino se vuelve más empinado y serpenteante, entre pinares que no impiden, según la distinta orientación en cada momento, disfrutar del paisaje (si paramos de vez en cuanto a levantar la mirada que tenemos puesta en el empedrado). No tardaremos mucho en llegar a otra explanada. Estamos ya en la degollada de Las Lapas. Mirando hacia arriba aún queda algo de altura para la cima de la montaña de Tauro (1.214 m). Acercándonos a un mojón elevado de piedras amontonadas nos asomamos a una vista vertiginosa sobre el risco. Debajo tenemos el barranco de Mogán y, mirando al sur, el pueblo del mismo nombre. De regreso, apenas iniciamos el descenso por el camino, cuando podemos desviarnos donde unas piedras marcan un delgado caminito en la ladera que nos lleva a otra explanada: cuando el pinar disperso se aclara, el claro nos deja ver un precioso yacimiento aborigen, el almogarén de Tauro.

Monumento religioso
Faustino García Márquez tiene escrito y dibujado un trabajo de investigación y análisis [Almogarems y goros. Una construcción aborigen en la montaña de Tauro (Gran Canaria)] sobre lo que tenemos ante nuestros ojos al llegar a este momento del recorrido. Se trata de una construcción de gruesas paredes de piedra seca formando tres cuerpos: “El cuerpo central es una elipse irregular de 8,5 x 10,5 metros, con una entrada de 2 metros de anchura. A este cuerpo se encuentran adosados los dos restantes. El de la izquierda, al norte del cuerpo central, es un cuadrilátero abierto totalmente por una de sus caras a una plataforma artificial que tiene en su centro un pináculo cónico de 1,50 metros de altura; las dimensiones del espacio abrazado por las tres paredes es de 3,10 x 4,80 metros. El tercer cuerpo es casi cuadrado, midiendo 4,40 x 4,60 metros, y presenta dos entradas y un nicho o cabecera”.
Destaca el autor que en todo el recinto, orientado al norte sobre el filo de una empinada ladera y con vistas a las cumbres de la isla, “no se aprecia la más mínima señal de habitación, ni resto alguno de techumbre”. Con esta información, ¿qué función pudo tener esta construcción para quienes la levantaron en la época prehispánica? Faustino García descarta los usos de habitación, de refugio pastoril (pues es una construcción demasiado sólida), ni funerario (tampoco parece lugar para la preparación de cadáveres). Así pues, quedan las opciones de uso comunitario o de culto.
“La altura, el paisaje que domina, la estructura particular del cuerpo abierto, la cualidad de la montaña como altura aislada y predominante, todo ello nos obliga a pensar en un sentido religioso del monumento, sin despreciar una solución híbrida, cívico-religiosa (…). La explanada donde se halla (…) es ideal para una congregación de fieles, bien para actos religiosos, bien para festejos…”.
[Texto y fotografías: Yuri Millares. Más información de este sendero en la revista Pellagofio.]





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