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Tuineje a Tiscamanita, en Fuerteventura

Un camino muy cómodo de hacer a pie, pues apenas nos lleva una hora de camino por pistas de tierra completamente llanas para descubrir las llanuras del centro de Fuerteventura.
El pueblo de Tuineje, cabeza del municipio del mismo nombre, agrupa sus casas en torno a una singular iglesia que recuerda en sus frescos la feroz batalla de Tamasite contra el desembarco de corsarios ingleses que hasta las faldas de esa montaña llegaron en 1740. Fernando Roger y José Francisco Camejo Casanova atraviesan sus calles guiando, respectivamente, al majalulo (camello joven) Tao y el carro del que tira el burro Beethoven. Se dirigen a la piscina municipal, al otro lado de la carretera, desde donde parte una pista de tierra que comunica al norte con el pueblo de Tiscamanita, buscando abrir una posible ruta para excursiones guiadas con carro.
Junto a la iglesia, edificada en el siglo XVIII, comienzan a andar Fernando y Tao seguidos de cerca por José Francisco y Beethoven, cuando alcanzan la piscina municipal de Tuineje, por una pista de tierra que deja a sus espaldas la montaña de Tamasite a cuyos pies tuvo lugar la batalla entre majoreros e ingleses. El balanceo típico del andar del camello imprime el ritmo de los caminantes y es seguido con indiferencia por el burro. Enseguida dejamos atrás los restos de uno de los molinos de viento, de estampa similar a los quijotescos, que abundan en estas llanuras y alcanzamos las cuarterías de Teguereis. Estas tierras cerealeras son ahora pedregales en los que destacan la silueta de palmeras y molinos americanos indicando la presencia de pozos y pequeños huertos.
El volcán, delante
El rectilíneo trazado de la pista llega a un cruce, con restos de construcciones y un antiguo pozo, y tomamos a la izquierda en dirección norte. El paisaje no varía, seguimos por las mismas llanuras y con la pista flanqueada por paredes bajas de piedra seca, delimitando tierras de cultivo abandonadas. Así hasta que llegamos a un invernadero de cristal a los 45 minutos de iniciar el camino. Fue el primer invernadero que se levantó en la isla, de eso hace unos 35 años, dedicado al cultivo de la cochinilla. “Se criaba muy bien, sin viento ni lluvia”, describe un vecino de la zona, que vio cómo la iniciativa derivó hacia el cultivo de tomates, después de calabacinos, y terminó como la mayoría del paisaje agrícola que nos rodea: en el abandono. Frente a nosotros se divisa el pueblo de Tiscamanita delante del volcán de Gayría, que con su singular silueta de dos picos hace rato que marca nuestra visión del horizonte al final del camino.
Apenas diez minutos después ya entramos en el pueblo por la calle San Antonio (asfaltada) y a los 50 metros giramos a la derecha por otra calle (de tierra nuevamente) hasta el nuevo giro a la izquierda para seguir por la calle San Marcos (asfaltada). Llegamos a la carretera general y cruzamos hasta el restaurado molino de viento de Tiscamanita.
[Texto y fotografías: Yuri Millares. Más información de este sendero en la revista Pellagofio.]





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